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domingo, 12 de mayo de 2013

Paris - Parte I


Como ya dije en la presentación, me encanta viajar y es algo que hago en cuanto tengo tiempo y dinero. Hace exactamente un mes, fui a París a pasar cuatro días. Era mi segunda vez en la capital francesa y, como ya había pasado la anterior vez, volví encantada. París es una de las ciudades más interesantes que conozco, junto con Madrid, en lo que a arquitectura se refiere. Todos y cada uno de los rincones de esa ciudad tienen su encanto, es increíble. La anterior vez que estuve fue para visitar a un amigo que vive allí, e hizo de anfitrión y de ruta turístico, muy bien por cierto.

Esta vez fui acompañada y llevamos la ruta hecha. Buscando en blogs y webs de viajes, encontramos un planning muy completo y nada aburrido, aunque la modificamos un poco. No me enrollo más, y os cuento qué hicimos nosotros, por si os sirve para futuros viajes.

Primero de todo el hotel se llama Pavillion Villiers Etoile y está, además de genial de precio, perfectamente ubicado, tanto es así que cogimos 10 viajes el primer día, y nos llegaron perfecto, puesto que muchos días íbamos andando a los sitios de lo cerca que estaban.


Día 1

Tomamos el metro y nos bajamos en El Arco del Triunfo. Nada más salir de la estación lo vimos, espectacular. De ahí, bajamos paseando por los Campos Eliseos, parándonos casi en cada tienda, yo sé de uno que acabó un poco hartito, jaja!. Mención propia se merece la tienda de Louis Vuitton, enorme, y plagada de orientales cargados con sus bolsitas marrones.

Como anécdota comentaré que bajando hacia la plaza de la Concordia, comenzamos a escuchar música con un volumen muy elevado y de tipo house, que venía de un lujoso palacete y nos sorprendió muchísimo, puesto que no pegaba nada. Seguimos avanzando y tenía la verja abierta con un puerta a cada lado, visto el panorama pensamos que sería un hotel de lujo, y que si entrábamos deberíamos prepararnos para pagar 10 euros por el café de la cafetería, aunque nos llamaba la atención que entraban y salían constantemente personas de tipo normal, y con normal me refiero a tipo nosotros, nada ostentoso, así que nos unimos a ello. Una vez pasado el ?momento verja? llegamos al majestuoso edificio, la puerta estaba cerrada, hasta que de repente, la abrió un tiarrón sin camiseta y con una tableta por abdomen, que me río yo de las que usaba mi abuela ?antaño? para lavar la ropa. Ni cafetería, ni hotel, ni nada parecido, era Abercrombie. Añadir que en Madrid esta casi al lado de mi casa, y ni con esas lo reconocí. Es sorprendente que esta cadena tenga esos edificios tan increíbles, y situados en los mejores sitios de la ciudad. Una vez dentro, pues como todos, casi a oscuras, la música a tope, y desfile de modelos a tutiplén, vender, no se si venderá mucho, pero es un espectáculo asegurado, merece la pena entrar sólo por verlo.

Salimos, y seguimos nuestro paseo matutino. Llegamos a la zona de los Petit y Grand Palais. Me encantó ver, por fin, el lugar en el que he visto innumerables desfiles de Chanel, via Youtube claro. En el Grand Palais había una exposición de Hopper, que también estuvo en Madrid y por desgracia no pude ver, pero las colas eran tan kilométricas que nos resultó imposible entrar, a ver si a la tercera va la vencida, y la próxima vez que me cruce con la exposición la puedo ver.

Avanzamos hacia la plaza de la Concordia, y no, no nos montamos en la noria porque si ya hacía un frío increíble a nivel de suelo, en las alturas ni imaginar. Paseamos por los jardines de las Tullerías que tienen una atmósfera muy especial. La anterior vez que estuve había gente haciendo picnics, mantel de cuadros vichy rojos incluidos, pero esta vez el clima no se prestaba para ello. De verde a verde y tiro porque me toca, fuimos al Jardín del Carrusel y la zona Louvre donde estuvimos un buen rato sacando fotos.

Para cuando nos quisimos dar cuenta, eran casi las 3 de la tarde, y nos pusimos a la caza y captura de un lugar para comer. Misión fácil, pensaréis, pues NO, tras das vueltas y más vueltas buscando un lugar que tuviera wifi, nada, nuestro gozo en un pozo, así que mi memoria fotográfica- gps, nos llevó al Mc Donal´s que visité una vez la anterior vez que fui. Me gustaría tener la misma memoria para todo, pero bueno, ese es otro tema. Tras reponer fuerzas nos pusimos en marcha.

Visitamos la opera de Garnier, donde intentamos por activa y por pasiva encontrar a alguien que nos dijera como conseguir entradas para cualquiera de los días que estuviéramos allí, y nada, imposible, ni para ese día ni para ningún otro. De aquí a la Iglesia de la Madelein, y parada obligatoria en Saint Honoré. Entré a Jenny Packham, diseñadora de la que me encantan el 90% de sus vestidos, y menuda decepción. Para empezar la tienda era diminuta y el dependiente tenía dos perros, SÍ DOS, debió pensar aquello de ?dos si son pequeños?. Con toda la ilusión del mundo, me dispuse a elegir vestido y HORROR, qué materiales, qué tejidos, salí despavorida previa despedida de las mascotas y dependiente, claro.

Otro punto de interés Louboutin, donde compré el mejor y casi único souvenir. Comentar la diferencia de trato entre las tiendas de París, Saint honoré y Jean-Jacques Rousseau, puesto que en la otra nunca he estado y, la boutique de Madrid. A los pies de la Madelein y casi en frente de Gucci, está Laudrée, tienda de macaroons por excelencia, colas kilométricas incluidas, así que tampoco tuve mi momento Blair Waldorf, bueno miento, lo tuve, pero en Mc Donal´s, ni la mitad de glamouroso claro pero la mitad de caro, todo hay que decirlo.

Finalizado el momento shopping, volvimos al tema cultural y llegamos a Plaza Vendome, donde empezó mi fanatismo por el momento ?foto panorámica?, que todavía no he sido capaz de montar. Tras esto fuimos a tomar algo a Starbucks, otro de los pocos sitios con wifi, y que se convirtió en nuestro aliado para el desayuno diario. De aquí con todo el cansancio del mundo, pero dando un paseo fuimos hasta el hotel, previo paso por Domino´s pizza para cenar. Como podéis comprobar tengo afición a la comida sana- saludable y a esperar colas.

Tenía planeado contar los cuatro días juntos, pero visto el tostón que he escrito del primer día, creo que dejaré los otros tres para futuras entregas.

Gracias de corazón a los que, sin ser familia, hayáis sido capaces de leer hasta el final.



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